jueves, 29 de abril de 2010

Sagrada maniobra

Por: Ernesto Yamhure

SON MUCHAS LAS COSAS QUE HA DIcho Antanas Mockus en estos días de felicidad por la inobjetable tendencia que a su favor están marcando las encuestas de opinión.
Entre sus muchos mensajes pedagógicos, encontramos uno que llama poderosamente la atención: aquel que pretende imponerle carácter sagrado a los recursos públicos.
Dice que será implacable con los corruptos y con aquellos parásitos acostumbrados a vivir de la savia de la República.

Hace pocos días, el juicioso analista Rafael Nieto Loaiza publicó una columna que ha pasado desapercibida. Nieto denunció que Mockus había intentado cobrarle a la nación más dinero del que tenía derecho, por concepto de reposición en la elección que lo llevó a la Alcaldía de Bogotá por primera vez.

Registrada su victoria en las elecciones del 30 de octubre 1994, Antanas Mockus presentó ante la Registraduría Nacional del Estado Civil una cuenta de $25.918.000 de pesos “por concepto de pago que hace por la votación obtenida en el debate electoral”. Aquella cuenta, que fue firmada por él, se radicó el día 9 de febrero de 1995.

Un mes después, el Consejo Nacional Electoral, a través de la Fiduciaria La Previsora le giró la totalidad de ese dinero. Dicho pago se ajustó a lo dispuesto en el artículo 4° de la resolución 06 del 25 de enero de 1995 (emitida por el Consejo Nacional Electoral 15 días antes de que Mockus presentara la orden de cobro) y que dice: “En ningún caso la suma de dinero reconocida por concepto de reposición parcial de gastos podrá superar el monto de los gastos efectuados durante la campaña por los respectivos candidatos”. Para aquellas elecciones, las autoridades electorales habían decidido que a los candidatos se les reconocería la suma de $150 pesos por cada voto obtenido, para efectos de tasar la reposición.

Esto quiere decir que ningún aspirante puede enriquecerse por cuenta de la reposición. El Estado le reconoce cierta cantidad de dinero por cada uno de los votos obtenidos, con la salvedad de que lo girado no exceda el total de gastos causados durante la campaña.

Desconociendo lo anterior, y con los 25 millones en su poder, el excéntrico profesor universitario intentó hacerle una trampa al tesoro público a través de un malabarismo, pretendiendo cobrar 48 millones de pesos adicionales.

Esta fue la jugada: Antanas Mockus ganó la Alcaldía con 492.389 votos y quiso que le pagaran 150 pesos por cada uno de esos sufragios, a sabiendas de que la norma prohibía que un candidato recibiera más plata de la que había gastado en la campaña, pues la filosofía de la norma busca ayudar al proceso democrático y no hacer de los certámenes electorales una oportunidad para que los candidatos se vuelvan multimillonarios con el dinero de la nación, ese mismo que el profesor Antanas considera sagrado.

Como era de suponer, el Consejo de Estado falló en contra de la pretensión del hoy candidato presidencial, pues era evidente que en principio cobró lo que correspondía y al poco tiempo, pasando quién sabe por qué sobre la resolución del Consejo Electoral, trató de hacerse a unos milloncitos de pesos a los que no tenía derecho.

Al preguntarle sobre el particular, Mockus se salió por la tangente y de manera habilidosa dijo que si había cometido un error, entonces presentaba disculpas.

Creo que además de la dispensa, debería explicar por qué trató de meterle un gol al sacro santo erario de la nación.

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