Por: Ernesto Yamhure
Se trata de extensos mensajes cargados de odio, cuyos autores se dan a la tarea de enlistar las equivocaciones y fallas del gobierno del presidente Uribe, concluyendo que la muy posible elección de Santos sería algo así como un premio a los “crímenes del uribismo”.
Asimismo, intentan hacer creer que el 46,5% de ciudadanos que en primera vuelta votaron por Juan Manuel Santos son unos pícaros, percepción que empezó a hacer carrera la noche del 30 de mayo, cuando Antanas Mockus cantaba frente a su desilusionado grupo de seguidores: “yo vine porque quise, a mí no me pagaron…”.
¿Insinuaba el profesor que el Partido de la U les giró a cada uno de los 6’758.539 colombianos que votaron por Santos en primera vuelta? ¿Y qué decir de la campaña de desprestigio que han puesto en marcha contra quienes no nos tragamos el cuento del discurso transparente y conciliador de Antanas Mockus?
No hay amenaza ni insulto que cambie mi opinión sobre lo vacía que resulta la candidatura del ex rector de la Universidad Nacional de quien rescato su propuesta de enaltecer la política a través de un ejercicio puro y transparente de la misma. Pero se quedó corto.
Como me dijo una de las personas más cercanas a él cuando ejerció como Alcalde: “Antanas no estaba preparado para ser candidato a la Presidencia de Colombia”.
Dicen algunos expertos que el resultado en segunda vuelta será contundente.
Hay quienes creen que el próximo 20 de junio Santos sacará más del 60% de los votos, resultado que no es para nada descabellado si se tiene en cuenta que en las elecciones de hace cuatro años, el presidente Uribe logró su reelección con el 62,35% de los votos.
En segunda vuelta, cuando Santos podrá recoger buena parte de los votos de Cambio Radical, la totalidad de los conservadores y una importante fracción de los liberales, no es de extrañar que su resultado oscile entre el 65 y el 70%.
Con ese mandato en el bolsillo, sumado al importantísimo respaldo en el Congreso —80% de los parlamentarios—, Santos podrá consolidar sin mayores dificultades el plan de gobierno que le ha presentado al país.
Gracias a las alianzas que ha suscrito con los dirigentes de los diferentes partidos políticos, seguramente integrará un gabinete de lujo que podrá darle vía libre al gobierno de unidad nacional al que ha llamado.
Con ese nuevo panorama, las Farc no tendrán otro camino que el de la desmovilización.
El resultado electoral que se avecina será una nueva notificación de la sociedad hacia los violentos: Colombia jamás volverá a recorrer el camino del diálogo a cualquier precio.
La guerrilla tendrá en sus manos una oportunidad irrepetible de salir de la guerra de manera pacífica, evitando su desaparición en los próximos cuatro años de implacable seguridad democrática.
Resta esperar la reacción hormonal del teniente coronel Chávez.
Seguramente dirá que en Colombia ganó un mafioso, un ladrón y demás adjetivos que utiliza para referirse a Juan Manuel Santos. Amenazará con bloqueos comerciales; les ordenará a sus generales, esos mismos que se quedan atascados en las torretas de los tanques de guerra, que movilice 10 brigadas a la frontera con Colombia y meterá a la cárcel a un despistado vendedor de paletas de nacionalidad colombiana, acusándolo de ser un “pitiyanqui” al servicio de la CIA.
En fin, le veremos las baladronadas de siempre, aquellas que confirman que la suya es una personalidad predecible y, sobre todo, cobarde.
Asimismo, intentan hacer creer que el 46,5% de ciudadanos que en primera vuelta votaron por Juan Manuel Santos son unos pícaros, percepción que empezó a hacer carrera la noche del 30 de mayo, cuando Antanas Mockus cantaba frente a su desilusionado grupo de seguidores: “yo vine porque quise, a mí no me pagaron…”.
¿Insinuaba el profesor que el Partido de la U les giró a cada uno de los 6’758.539 colombianos que votaron por Santos en primera vuelta? ¿Y qué decir de la campaña de desprestigio que han puesto en marcha contra quienes no nos tragamos el cuento del discurso transparente y conciliador de Antanas Mockus?
No hay amenaza ni insulto que cambie mi opinión sobre lo vacía que resulta la candidatura del ex rector de la Universidad Nacional de quien rescato su propuesta de enaltecer la política a través de un ejercicio puro y transparente de la misma. Pero se quedó corto.
Como me dijo una de las personas más cercanas a él cuando ejerció como Alcalde: “Antanas no estaba preparado para ser candidato a la Presidencia de Colombia”.
Dicen algunos expertos que el resultado en segunda vuelta será contundente.
Hay quienes creen que el próximo 20 de junio Santos sacará más del 60% de los votos, resultado que no es para nada descabellado si se tiene en cuenta que en las elecciones de hace cuatro años, el presidente Uribe logró su reelección con el 62,35% de los votos.
En segunda vuelta, cuando Santos podrá recoger buena parte de los votos de Cambio Radical, la totalidad de los conservadores y una importante fracción de los liberales, no es de extrañar que su resultado oscile entre el 65 y el 70%.
Con ese mandato en el bolsillo, sumado al importantísimo respaldo en el Congreso —80% de los parlamentarios—, Santos podrá consolidar sin mayores dificultades el plan de gobierno que le ha presentado al país.
Gracias a las alianzas que ha suscrito con los dirigentes de los diferentes partidos políticos, seguramente integrará un gabinete de lujo que podrá darle vía libre al gobierno de unidad nacional al que ha llamado.
Con ese nuevo panorama, las Farc no tendrán otro camino que el de la desmovilización.
El resultado electoral que se avecina será una nueva notificación de la sociedad hacia los violentos: Colombia jamás volverá a recorrer el camino del diálogo a cualquier precio.
La guerrilla tendrá en sus manos una oportunidad irrepetible de salir de la guerra de manera pacífica, evitando su desaparición en los próximos cuatro años de implacable seguridad democrática.
Resta esperar la reacción hormonal del teniente coronel Chávez.
Seguramente dirá que en Colombia ganó un mafioso, un ladrón y demás adjetivos que utiliza para referirse a Juan Manuel Santos. Amenazará con bloqueos comerciales; les ordenará a sus generales, esos mismos que se quedan atascados en las torretas de los tanques de guerra, que movilice 10 brigadas a la frontera con Colombia y meterá a la cárcel a un despistado vendedor de paletas de nacionalidad colombiana, acusándolo de ser un “pitiyanqui” al servicio de la CIA.
En fin, le veremos las baladronadas de siempre, aquellas que confirman que la suya es una personalidad predecible y, sobre todo, cobarde.

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